Cuando hablamos de los Diaguitas no hablamos de un solo pueblo sino de una confederación de naciones que compartían lengua (el cacán), territorio y ciertos rasgos culturales. Quilmes, Amaichas, Pacciocas, Tolombones, Yocaviles: cada grupo tenía su identidad, su territorio y sus líderes, pero frente a amenazas externas podían aliarse en una fuerza considerable.

Los Diaguitas habitaron los Valles Calchaquíes y zonas aledañas desde aproximadamente el siglo IX hasta la conquista española en el siglo XVII. Eran agricultores sofisticados que desarrollaron sistemas de riego por canales, cultivaban maíz, zapallo, poroto y quinoa, y complementaban su dieta con la caza de guanacos y la recolección de algarroba.

Su organización política era descentralizada: cada comunidad tenía su curaca (jefe) y su territorio. No había un poder central como en el imperio inca. Esta estructura les daba flexibilidad pero también les dificultaba unirse frente a enemigos comunes. Cuando los incas llegaron al NOA en el siglo XV, algunos pueblos diaguitas resistieron y otros negociaron.

El arte diaguita es una de sus herencias más visibles. Las urnas funerarias santamarianas, con sus diseños geométricos y figuras antropomorfas, son piezas de una sofisticación estética notable. Cada museo del NOA tiene ejemplares, pero verlas en contexto, en los valles donde fueron creadas, les da otro significado.

La resistencia diaguita frente a la conquista española fue la más prolongada de la Argentina. Las Guerras Calchaquíes (1562-1667) duraron más de un siglo e involucraron alianzas, traiciones, batallas y diplomacia. Los Quilmes, uno de los pueblos diaguitas, fueron los últimos en caer. Su castigo fue ejemplar: fueron deportados a pie hasta Buenos Aires.

Hoy los descendientes diaguitas siguen presentes en el NOA. Comunidades en Tucumán, Catamarca y Salta mantienen viva su identidad y luchan por el reconocimiento de sus derechos territoriales. El paisaje que recorremos en nuestras excursiones fue moldeado por estos pueblos durante siglos: los caminos, los sitios, las terrazas de cultivo, todo habla de una presencia que no se borró.

En nuestras excursiones no contamos la historia diaguita como algo del pasado. La contamos como lo que es: la base sobre la que se construyó todo lo que vino después en el NOA.